27.12.09

COMUNICADO

Queridos amigos y lectores:

Con fecha de, sábado 26-12-2009, hemos recibido un correo de blogueer, comunicando el bloqueo, por el artículo treinta tres, y sin ninguna opción, de nuestro blog “PALABRAS INCENDIADAS”.
El blog lleva abierto desde hace más de un año, sin problema alguno, ustedes blogueros que son habituales lectores del blog, pueden juzgar.
El correo recibido dice así:

“Se ha revisado su blog de http://palabrasincendiadas.blogspot.com/ y se ha confirmado que viola nuestras Condiciones del servicio de: SPAM. De acuerdo con estas condiciones, hemos eliminado el blog y ya no se puede acceder a la URL!”.
Podemos asegurar que nuestro blog, no vulnera en ningún caso, ninguna regla impuesta por blogger, ni contenido, ni en imágenes, nuestra página, es un espacio de literatura principalmente. No tenemos culpa de que sus robots-blogger, no tengan criterio al respecto y por razones que se nos escapan, juzguen a la ligera el contenido de la página, bloqueando sin reservas, y secuestrando nuestro blog, con el consabido perjuicio para nosotras.
De blogger nos han pedido que esperemos hasta el miércoles para su revisión (suponemos que los robots también celebran navidad) eso esperamos. ¡Queremos nuestro blog¡
Pedimos disculpas a quien haya intentado abrir la pagina y se haya encontrado con “el candado”, pero no tenemos llave de momento.
P.D. Por si acaso, guarden copia de las plantillas de sus blogs.
Mercedes e Isabel

10.12.09

JOSEPH BRONSKY. Biografía



















Poeta ruso nacido en San Petersburgo en 1940.
De formación autodidacta, reconoció la influencia que en él ejercieron los poetas clásicos, los metafísicos ingleses y los poetas polacos modernos, además de Proust, W. H. Auden y Herman Melville.
Como tanto otros escritores o intelectuales, fue apartado de la línea oficial del partido comunista, condenado al más absoluto ostracismo; en 1964 se le acusó de “parásito social”, como solía suceder con los que disentían de la revolución bolchevique. Se le condenó a cinco años de trabajos forzados, que afortunadamente no llegó a cumplir. Acusado de "parasitismo social", fue encarcelado durante dieciocho meses a la edad de veinticuatro años.
En 1972 emprendió el camino al exilio, obteniendo la nacionalidad estadounidense en 1977.
Sus "Poemas selectos", que reúnen una importante colección de su poesía, se publicaron en versión inglesa en 1973, seguidos de "Partes de la oración" en 1980 e Historia del siglo XX en 1986.
En 1981 obtuvo una beca de la Fundación MacArthur, y en 1987 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.
Su producción literaria se extendió hasta el día de su muerte, ocurrida en Nueva York el 28 de enero de 1996.

ESTUVE EN UNA JAULA


Estuve en una jaula en el lugar que debió ocupar un animal salvaje.
Con clavos talle mi apodo
y el plazo que me quedaba por cumplir.

Viví junto al mar y jugaba a la ruleta,
cenaba con cualquier pajarraco vestido de frac.
Observaba el mundo desde la altura de un Iceberg,
tres veces me ahogue,
dos veces estuve crucificado.

Abandone el país que me había nutrido.
De los que se olvidaron de mí
se podría hacer una ciudad.
Vagué por estepas que conservan en su memoria
el alarido de los Hunos,
me vestía con lo viejo que mañana estará de moda,
sembraba cebada, me cubría con cartón y bebía todo lo que me pusieran por delante.
Deje entrar en mis sueños la pupila vigilante que acompaña el convoy,
mascaba el pan del exilio sin dejar migas,
me permití todos los sonidos excepto el aullido, luego pase a hablar en susurros.

Ahora cumplí cuarenta años.

¿Qué puedo decir de la vida?
Que resultó ser larga.
Únicamente con el dolor me siento solidario,
pero hasta que me tapen con greda la boca, de ella solo saldrán agradecimientos.

EL BUSTO DE TIBERIO


Yo te saludo, pasados dos mil años.
También tú fuiste marido de una puta.
Es algo que tenemos en común. Por lo demás,
en torno a ti está tu urbe. Estruendo, coches,
chusma con jeringas en húmedos portales,
ruinas. Yo, un viajero del montón,
saludo ahora tu busto polvoriento
en la desierta galería. Ah, Tiberio,
aquí no alcanzas ni los treinta. Del rostro
mana la confianza de quien domina el músculo
más que el futuro de su suma. Y la cabeza,
que el escultor cortara en vida,
muestra en esencia el augurio del poder.
Todo lo que queda bajo el mentón es Roma:
provincias, cohortes y también rentistas,
más un sinfín de infantes que besan tu aguijón
-placer en clave de la loba
que alimenta a los críos Remo
y Rómulo-.(¡Los mismos labios!,
musitando, dulces, inconexos
entre los pliegues de la toga. ) A fin de cuentas:
un busto en señal de independencia entre cuerpo y cerebro.
De hecho, incluido el del Imperio.
De dibujar tú mismo tu retrato,
sería todo él circunvoluciones.

Aquí no alcanzas ni los treinta. Nada
en ti detiene la mirada.
Ni, a su vez, tu firme observar
está dispuesto a detenerse en algo:
ni en rostro alguno ni en un
paisaje clásico. ¡Ah, Tiberio!
¡Qué más te da lo que rezonguen
Tácito o Suetonio en busca de las causas
que te hicieron cruel! No hay causas en el mundo,
tan sólo efectos. Los hombres son sus víctimas.
Y sobre todo en las mazmorras donde todos confiesan;
no en vano confesar bajo tortura,
como las confidencias del niño,
se torna monocorde. Lo mejor es
no tener nada que ver con la verdad.
Por lo demás, ésta no eleva. A nadie.
Menos aún al César. Al menos,
tú apareces más capaz de ahogarte
en tu baño que por una gran idea.
Y en general, ¿ser cruel no es acaso
precipitar tan sólo el común destino
de toda cosa, o la caída libre
de un cuerpo simple en el vacío? En él
siempre acabas en el momento de caer.
No vendrá el diluvio tras nosotros

Enero. Un aluvión de nubes
sobre la invernal ciudad a modo de mármol sobrante.
El Tíber, que huye de la realidad.
Las fuentes, que echan agua hacia el lugar
de donde nadie mira, ni cómo quien no ve,
ni entornando la mirada. ¡Es otro tiempo!
Y no hay modo de atrapar al lobo
enloquecido. ¡Ah, Tiberio!
¿Quiénes somos nosotros para ser tus jueces?
Has sido un monstruo, mas fiera impasible.
Pues la naturaleza, cuando crea sus monstruos
-las víctimas jamás-, los plasma, no obstante,
a semejanza suya. Más nos vale mil veces
-si escoger nos es dado-
que venga a destruirnos un engendro del infierno
antes que un neurasténico. Con treinta sin cumplir,
el rostro hecho en piedra, cara rocosa,
creada para dos milenios,
te asemejas a un instrumento natural
de exterminio, y en nada a un esclavo
de pasión humana alguna, o a un forjador de ideas
y demás. Y defenderte de las invenciones
es como proteger al árbol de sus hojas,
con su complejo de que ellas son, entre susurros
inconexos pero claros, mayoría.
En la desierta galería. En mediodía gris.
El ventanal tiznado con las luces del invierno.
El ruido de la calle. Ajeno por completo
a la textura del espacio, el busto...
¡No puede ser que no me oigas!
Pues yo también huí, sin mirar hacia atrás,
de todo lo que me había sucedido; me convertí en isla
con sus ruinas, sus cigüeñas. También me esculpí
el rostro por medio de un candil.
A mano. Y lo que llegase a decir,
lo que haya dicho, a nadie le interesa,
y no en su momento, sino hoy mismo.
¿No es esto también un modo de acelerar
la historia? ¿No es un intento -logrado por desdicha-
de colocarse el efecto delante de la causa?
Y además, también en el total vacío,
lo cual no garantiza un gran aplauso.
¿Arrepentirse? ¿Rehacer tu suerte?
¿Jugar, como se dice, con otra baraja?
Pero, ¿vale la pena acaso? La lluvia radiactiva
nos cubrirá no mucho peor que tu historiador.
¿Y quién vendrá a maldecirnos? ¿Una estrella?
¿La luna? ¿Una termita enloquecida por
las incontables mutaciones, de tronco fofo, eterna?
Todo es posible. Pero, cuando, como un objeto duro,
se tope con nosotros, ella también, tal vez,
algo turbada, detendrá la excavación.
«Un busto -exclamará en el lenguaje de las ruinas,
del músculo abreviado-, un busto, un busto.

FIN DE UNA ÉPOCA MARAVILLOSA


Así como la poesía exige palabras,
yo -sordo y pelado, taciturno mensajero de una potencia de segunda categoría- sin querer esforzar mi cerebro,
me pongo el abrigo
y bajo al kiosco por un periódico.


El viento moviliza las hojas.
En estos tristes lugares
el opaco calor de viejas ampolletas
produce -con la ayuda de algunos charcos-
efectos de abundancia.
Hasta los ladrones cuando roban una mandarina
se encuentran con una envoltura luminosa.

En realidad, ya se me olvido hasta el sentimiento con que me contemplo a mí mismo.
En estos tristes parajes todo está planificado para el invierno:
sueños, paredes de cárceles, abrigos, vestidos de novia, bebidas y
minuteros del reloj.
Los gorriones y el barro parecen oxidados, costumbres puritanas. Ropa interior. Y en las manos de los violinistas guateros de madera.


Este lugar es inmóvil.
Al imaginar la producción quinquenal de
hierro y plomo, uno queda con la mente abobada,
y añora el antiguo poder cosaco de bayonetas y látigos.
Las águilas imperiales, sin embargo, son atraídas como un imán por el fierro.
Hasta las sillas trenzadas están hechas con pernos y tuercas.
Solo los peces en el mar conocen el precio de la libertad,
pero su silencio nos obliga a construir nuevas categorías
y el espacio se despliega como una lista de precios.

El tiempo está construido por la muerte.
Cuando requiere cuerpos y objetos busca verduras frescas.
El gallo imita al carillón;
para quien tiene un carácter sublime
resulta lamentablemente difícil
vivir en una época de proezas.

Al levantarle el vestido a una mujer bonita encuentras lo que buscas y no un prodigio.
Y no ocurre así por seguir los pasos de Lobachevsky
sucede porque el mundo abierto tiene que angostarse en alguna parte,
y es aquí
dónde yace el fin de la perspectiva.

Tal vez el mapa de Europa fue robado por los agentes del poder,
quizás los otros continentes están demasiado lejos
o tal vez una hada bondadosa me esta hechizando,
y no puedo arrancarme de aquí.
Para no llamar a la sirviente me sirvo vino, acaricio el gato.

A lo mejor sería preferible una bala en la sien,
así como se apunta con el dedo al error.
Tal vez huir de acá a través del mar, como un nuevo Cristo.
Borracho y atontado por el frío, no es extraño confundir un tren con un barco,
no hay motivo para sonrojarse o para sentir vergüenza:
el tren - como una canoa en el agua- no deja huellas en los rieles.

¿Qué dicen los periódicos en la sección de tribunales?
Fue ejecutada la sentencia, al imaginar eso el ciudadano percibe -a través de lentes con marcos de estaño- a un hombre acostado cara abajo al lado de un muro de ladrillo.
Pero no está dormido, ya que los sueños tienen derecho a despreciar las cúpulas baleadas.
Perspicacia de esta época
que con sus raíces entrelaza los tiempos,
incapaces -en su ceguera común- de distinguir
entre los caídos de la cuna y las cunas caídas.

Ese prodigio de ojos claros
no quiere ver más allá de la muerte,
que pena, hay muchos naipes
pero no hay con quien interpelarlos
para ver el futuro.

El punto de vista de estos tiempos,
es la perspicacia hacia los objetos de una vía sin salida;
todavía no ha llegado el momento
de derramar la inteligencia,
solo un escupo en la pared.
Y no despertar al príncipe, sino al dinosaurio.

Para el último párrafo ¡Ay! no arrancaría la pluma a un pájaro.
A la cabeza inocente
no le queda mas que esperar el hacha y el laurel.

DE NINGUNA PARTE CON AMOR


De ninguna parte con amor, algún día, algún mes
querida y respetada linda, pero no importa quien eres;
¡al diablo, que ya no me acuerdo de tu cara!.
Un amigo fiel -ni tuyo ni de nadie- te saluda,
desde uno de los cinco continentes
apoyado por los cowboys;
yo te amaba más que a los ángeles y que a mi mismo,
y por eso ahora estoy más lejos de ti que de ambos.

Tarde en la noche, en el fondo de un valle dormido,
en una ciudad cubierta con nieve hasta la manilla de la puerta,
retorciéndose en la sabana -nada se dice de esto más abajo-
estoy clavando el cojín
murmurando la palabra "tú",
detrás de mares sin fin,
yo, como un espejo insensato,
repito tu silueta con todo mi cuerpo.

SIEMPRE HE DICHO QUE EL DESTINO ES UN JUEGO


Siempre he dicho que el destino es un juego.
¿Para que nos sirve el pez si tenemos caviar?.
El gótico triunfara como estilo por su
capacidad para destacarse sin pinchar.
Estoy sentado detrás de una ventana,
al lado veo un álamo.
Yo amaba a pocos, pero los amaba demasiado.

Creía que el bosque es solo extensión del tronco.
¿Para que necesito una muchacha entera si tengo su rodilla?
El ojo ruso descansa en las cúpulas de Estonia,
tras un letargo de polvo levantado por siglos.
Estoy sentado al lado de la ventana, ya lavé los platos.
Fui feliz aquí, ya no lo seré.

Yo escribía que en la ampolleta vive el temor al sexo,
que el amor como el acto carece de verbo,
que Euclides no sabía que llegando al cono el objeto se convierte en cronos y no en cero.
Estoy al lado de la ventana, recordando mi juventud,
a veces sonrío, a veces escupo.


Dije que la hoja cuando brota destruye al brote,
que la semilla al caer en mala tierra no da frutos,
que los pastizales en el campo muestran el manoseo de la naturaleza.
Estoy sentado al lado de la ventana abrazando la rodilla,
en compañía de mi densa sombra.


Mi canción carece de motivos heroicos, por suerte
no es posible cantarla a coro.
No es raro que debido a estas palabras
nadie se atreva a palmotearme la espalda.
Estoy sentado al lado de la ventana, en la oscuridad,
como en el tren, el mar suena tras las cortinas.

Soy ciudadano de una época desvalida,
me reconozco con orgullo como un producto de 2da categoría,
regalo mis mejores pensamientos al futuro,
como ejemplo de lucha contra el ahogo.
Estoy sentado en la oscuridad de una pieza
y no es peor que la oscuridad de allá afuera.