Mostrando entradas con la etiqueta Juan Zorrilla de San Martín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Zorrilla de San Martín. Mostrar todas las entradas

18.4.08

ODIO Y AMOR


El alma anhela amor: ley es del cielo;
y anhela aborrecer: ley de la tierra...
Odio y amor, indefinible anhelo,
que, del hombre infeliz, la historia encierra.
Infeliz yo no soy, mas que un desvelo,
una ilusión mi bienestar destierra.
¿Amaré a mi verdugo? Tengo miedo...
Odiar a mi ilusión... ¡Ah! no, no puedo!

Y ella acibara sin piedad mi vida;
es parte de mi ser que lo destroza;
gime el alma en sus brazos abatida
y sufre en el gozar: sufriendo goza.
No puedo amar esa ilusión mentida,
si la abandono, el corazón solloza;
ilusión: sufriré tu amor funesto;
más sabe que, al amarte, te detesto.

TU Y YO


Perfume de una flor que, al desprenderse,
ni una hoja de sus pétalos lastima;
tibio efluvio de luna de verano
que en el disco plateado se destila;
calor de una mirada de ternura
que atraviesa inocente unas pupilas;
roce de un alma que, buscando otra alma,
en sí misma sin ruido se desliza:
ese es tu aliento
cuando suspiras
Lágrima que oscilando sobre el alma,
se evapora al color del dolor mío;
rumor de oleaje que, en desierta orilla,
rueda mugiendo entre escarpados riscos;
ave que huye y, al volar llorando,
quiebra la rama en que dejó a sus hijos;
nota que, al desprenderse de una cuerda
deja al pobre laúd, temblando, herido:
eso, tan triste,
son mis suspiros.

TABARÉ Fragtos. TABARÉ- INTRODUCCIÓN


I
Levantaré la losa de una tumba;

E internándome en ella,

Encenderé en el fondo el pensamiento

Que alumbrará la soledad inmensa.

Dadme la lira, y vamos: la de hierro,

La más pesada y negra;

Esa, la de apoyarse en las rodillas,

Y sostenerse con la mano trémula,

Mientras azota el viento temeroso

Que silba en las tormentas,

Y, al golpe del granizo restallando,

Sus acordes difunde en las tinieblas;

La de cantar sentado entre las ruinas

Como el ave agorera;

La que arrojada al fondo del abismo,

Del fondo del abismo nos contesta.

Al desgranarse las potentes notas

De sus heridas cuerdas,

Despertarán los ecos que han dormido

Sueño de siglos en la oscura huesa;

Y formarán la estrofa que revele

Lo que la muerte piensa;

Resurrección de voces extinguidas,

Extraño acorde que en mi mente suena.
II
Vosotros, los que amáis los imposibles,

Los que vivís la vida de la idea;

Los que sabéis de ignotas muchedumbres.

Que los espacios infinitos pueblan,

Y de esos seres que entran en las almas

Y mensajes les revelan,

Desabrochan las flores en el campo,

Y encienden en el cielo las estrellas;

Los que escucháis quejidos y palabras

En el triste rumor de la hoja seca,

Y algo más que la idea del invierno

Próximo y frío a vuestra mente llega,

Al mirar que los vientos otoñales

Los árboles desnudan, y los dejan

Ateridos, inmóviles, deformes,

Como esqueletos de hermosuras muertas;

Seguidme hasta saber de esas historias

Que el mar y el cielo y el dolor nos cuentan;

Que narran el ombú de nuestras lomas,

El verde canelón de las riberas,

La palma centenaria, el camalote,

El ñandubay, los talas y las ceibas:

La historia de la sangre de un desierto,

La triste historia de una raza muerta.

Y vosotros aún más, bardos amigos,

Trovadores galanos de mi tierra,

Vírgenes de mi patria y de mi raza

Que templáis el laúd de los poetas;

Seguidme juntos a escuchar las notas

De una elegía que en la patria nuestra

El bosque entona cuando queda solo,

Y todo duerme entre sus ramas quietas;

Crecen laureles, hijos de la noche,

Que esperan liras para asirse a ellas,

Allá en la oscuridad en que aún palpita

El grito del desierto y de la selva.
III
¿Extraña y negra noche? ¿Dónde vamos?

¿Es cielo ésto o tierra?

¿Es lo de arriba? ¿Lo de abajo? Es lo hondo,

Sin relación, ni espacio, ni barreras.

Sumersión del espíritu en lo obscuro,

Reino de las quimeras,

En que no sabe el pensamiento humano

Si desciende, o asciende, o se despeña,

El caos de la mente que pujante

La inspiración ordena;

Los elementos vagos y dispersos

Que amasa el genio y en la forma encierra.

Notas, palabras, llantos, alaridos.

Plegarias, anatemas.

Formas que pasan, puntos luminosos,

Gérmenes de imposibles existencias:

Vidas absurdas en eterna busca

De cuerpos que no se encuentran,

Días y noches en estrecho abrazo,

Que espacio y tiempo en que vivir esperan;

Líneas fosforescentes y fugaces,

Y que en los ojos quedan

Como estrofas de un himno bosquejado,

O gérmenes de auroras o de estrellas;

Colores que se enfunden y repelen

En inquietud eterna,

Ansias de luz, primeras vibraciones

Que no hayan ritmo, no dan lumbre, y cesan;

Tipos que hubieran sido y no fueron

Y que aún el ser esperan,

Informes creaciones, que se mueven

Con una vida extraña e incompleta.

Proyectos, modelados por el tiempo,

De razas intermedias;

Principios sutilísimos que oscilan

Entre la forma errante y la materia;

Voces que llaman, que interrogan siempre

Sin encontrar respuesta;

Palabras de un idioma indefinible

Que no han hablado las humanas lenguas;

Acordes que, al brotar, rompen el arpa,

Y en los aires revientan

Estridentes, sin ritmo, como notas

De mil puntos dispersos que se encuentran,

Y se abrazan en vano sin fundirse,

Y hasta esa misma repulsión ingénita

Forma armonía, pero rara, absurda,

Música indescriptible, pero inmensa;

Rumor de silenciosas muchedumbres,

Tumultos que se alejan...

Todo se agita en ronda atropellada,

En esta oscuridad que nos rodea;

Todo asalta en tropel al pensamiento,

Que en su seno penetra

A hacer inteligente lo confuso,

A enfrentar lo que huye y se rebela;

A consagrar el ritmo y el sonido

La dulce unión eterna,

La del color y el alma con la línea

De la palabra virgen con la idea.

Todo brota en tropel, al levantarse

La poderosa piedra,

Como bandada de aves que chirriando

Brota del fondo de profunda cueva;

Nube con vida que, cobrando forma

Variables y quiméricas,

Se contrae, se alarga y se revuelve

Por sí misma empujada en las tinieblas.

Allí cuajó en mí mente, obedeciendo

A una atracción secreta

Y entre risas y llantos, y alaridos,

Se alzó la sombra de la raza muerta;

De aquella raza que pasó desnuda

Y errante por mi tierra,

Como el eco de un ruego no escuchado

Que, camino del cielo, el viento lleva.

Tipo soñado, sobre el haz surgido

De la infinita niebla;

En sueño de una noche sin aurora,

Flor que una tumba alimentó en sus grietas;

Cuando veo tu imagen impalpable

Encarnar nuestra América,

Y fundirse en la estrofa transparente,

Darle su vida, y palpitar en ella;

Cuando creo formar el desposorio

De tu ignorada esencia

Con esa forma virgen, que los genios

Para su amor o su dolor encuentran;

Cuando creo infundirte, con mi vida,

El ser de la epopeya

Y legarte a mi patria y a mi gloria

Grande como mi amor y mi impotencia;

El más hábil contacto de las formas

Desvanece tu huella,

Como el contacto de la luz, se apaga

El brillo sin color de las luciérnagas.

Pero te vi. Flotabas en lo oscuro,

Como un jirón de niebla;

Afluían a ti, buscando vida,

Como a su centro acuden las moléculas.

Líneas, colores, notas de un acorde

Disperso, que frenéticas

Se buscaban en ti; palpitaciones

Que en ti buscaban corazón y arterias;

Miradas que luchaban en tus ojos

Por imprimir su huella,

Y lágrimas y anhelos esperanzas

Que en tu alma reclamaban existencia:

Todo lo de la raza: lo inaudito,

Lo que el tiempo dispersa,

Y no cabe en la forma limitada,

Y hace estallar la estrofa que lo encierra.

Ha quedado en mi espíritu tu sombra,

Como en los ojos quedan

Los puntos negros de contornos ígneos

Que deja en ellos una lumbre intensa...

¡Ah! no, no pasarán, como la nube

Que el agua inmóvil en su faz refleja;

Como esos sueños de la media noche

Que en la mañana ya no se recuerdan:

Yo te ofrezco, ¡oh ensueño de mis días!

La vida de mis cantos, que en la tierra

Vivirán más que yo... ¡Palpita y anda,

Forma imposible de la estirpe muerta!

JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN


El poeta de la Patria nació en Montevideo el 28 de diciembre de 1855 y falleció el 3 de noviembre de 1931 a poco de cumplir sus 76 años de edad. Se formó en un hogar religioso y fue educado en el extranjero recibiendo una formación filosófica y literaria de carácter humanística.
En primeras nupcias se casó con Elvira Blanco con quien tuvo seis hijos, a pocos años de la muerte de ésta, contrajo enlace con su hermana, Concepción Blanco, quien le diera diez hijos. Hoy su descendencia alcanza casi las 800 personas.
Juan Zorrilla de San Martín fue autor de varias obras literarias, entre ellas “Tabaré”, epopeya indígena americana, “La Leyenda Patria” y la “Epopeya de Artigas” donde plasma su amor a ala Patria y a la figura de nuestro Prócer. Orador de arrebatada elocuencia, filósofo y sociólogo que mantuvo sus doctrinas sin desmayos, diplomático en España, Francia y la Santa Sede. Doctor en Derecho y gran periodista, fue un hombre de fe que sirvió con abnegación a su causa.
Su casa enclavada frente a las rocas y el mar en Punta Carretas, es como dijera el Poeta “Toda mi vida está entre estas cuatro paredes, aquí están mis recuerdos de familia y el fruto de mis esfuerzos”.
Erigida en 1904, en una zona despoblada bañada por la brisa del mar y cubierta por la sombra de los ombúes silvestres, el Poeta la rodeó de un hermoso jardín con rosales, jazmines del país, madreselvas y cedrón así como dalias, aluzenas, tomillo, malvarrosa y albahaca y de variadas especies de pájaros y animales domésticos.
En 1921 se hizo la última transformación dirigida por su hijo el escultor, José Luis, quien diseñó el actual comedor con la chimenea que lleva labrado en su parte superior el escudo de los Zorrilla de San Martín donde figura el lema “velar se debe la vida de tal suerte que viva quede en la muerte”.
En 1942, esta casa se transformó en Museo y pasó a depender del Ministerio de Educación y Cultura, formando parte de una de las casas históricas pertenecientes al Museo Histórico Nacional de Uruguay.
La Comisión de Amigos del Museo Zorrilla recuperó el hogar del Poeta tratando de respetar su amor por este lugar y construyó una moderna sala donde se realizan eventos culturales que hacen de este museo la “casa abierta” que siempre tuvo Don Juan Zorrilla de San Martín.