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23.3.08

HISTORIA DEL HOMBRE



¿Y qué decir del hombre,
cómo cantar su llanto,
su tempestad callada que me ahoga?
Ese montón oscuro de temblores
que lanza desde el frío
su mirada de arbusto
dueño fue de un imperio de mañanas,
dominador de ventisqueros.
Nunca
pudo ponerse el sol en su oceanía
ni doblegó la lluvia
la altivez de su nombre.
A su paso
las selvas despertaban
con un clamor de musgo,
rendíanle los montes sus cinturas,
desplegaban los ríos
su larga mansedumbre,
y las gemas ocultas en la entraña
alzaban a su frente destellos lejanísimos.
¡Ah, el hombre inmenso, encerrando en sus brazos
una constelación de avispas y jilgueros,
bronco señor del trueno y de la aurora
ensordeciendo el mundo
con sus himnos de cíclope!
Bastaba un breve gesto de sus dedos
para que bronce y pluma se hermanaran,
y el volcán derruyera sus presagios,
y reclinara el templo sus ojivas,
y el corazón se abriera
en cárcavas profundas.
A su voz poderosa
un huracán de sangre
deslumbraba los cielos,
y el tigre más soberbio
besaba entre la hierba sus espuelas,
mientras trémulos astros entonaban
una coral doméstica
de tímidas cantatas.
¡Qué digno frente al mar
numerando sus islas en los ocasos rojos,
apretando en sus manos las galernas,
dormida entre sus dientes
la llave que amordaza
la libertad del viento y sus espumas!...


2


Pero el hombre tenía
vocación de alimaña.
Con sus uñas de jade iba cavando un fosco
entramado de sombras,
pozos interminables,
secretas galerías,
oquedades remotas
donde jamás la luz le descubriera
ni florecieran pájaros o espigas.
Lentamente
la noche fue dejando sus amargas raíces
en el pecho del hombre,
minando su memoria,
recubriendo su lengua de una cansada herrumbre.
Aquella hermosa imagen del héroe coronado
de luna y madreselvas
pulverizó su mármol
dispersando su gloria y su ceniza
sobre el yermo dominio de la ruina.
¡Ah, su lenta ceguera,
su diminuta voz
que ya no escucha nadie,
sus garras convertidas
en manos humildísimas!

Cayeron las columnas. Un verdín infamante
eclipsó los metales. Los topacios sirvieron
de pasto a las cornejas.
Tocaron los clarines
un larguísimo canto funerario.
Y una seda invisible
que tejieron arañas implacables
fue encadenando al dios en su guarida,
robándole sus alas,
cercenando su sed,
su nostálgica sed de viejos albedríos.

Desde aquí lo contemplo
en su terrible soledad,
indagando la vida con sus ojos de esparto,
defendiendo del tiempo sus horas oxidadas,
casi perdida huella,
polvo apenas.
Y un alacrán antiguo
se me posa en los párpados,
al ver esa intemperie derramada
en mis propios espejos.

LAS MUCHACHAS Y EL MAR



Toman el sol, tumbadas en la arena,
bajo una exacta claridad rasgada
de vuelos y abandonos,
en frutal ofertorio la gloria de sus cuerpos,
los sueños navegando
por hondas geografías.
Confían en el mar: nunca recelan
de su aliento cercano,
de esa casta apariencia que transmite
el familiar susurro de sus olas.
Ellas, tan inocentes, no saben las argucias
de ese sátiro azul, los disimulos
de su antigua y taimada adolescencia,
sus desatadas ansias de pecado...
Desde el agua profunda, una voz impaciente
—como un grito de amor, quizás de súplica,
o quizás un gemido— les reclama.
Despiertan las muchachas, se levantan
hermosamente altivas
y con pasos muy leves, caminando
despacio se dirigen
al inmenso latido.
Canta el mar sus baladas de alegría
mientras ellas se adentran en su imperio,
y recibe con mimos de unicornio
la doble incertidumbre de sus pies,
la vertical promesa de sus piernas espigas,
y lame sus rodillas,
y acaricia sus muslos de coral,
y alcanza enloquecido
la plata de sus pubis, y descubre
el asombro armilar de sus cinturas,
y aromado de adelfas
asciende hacia sus pechos, se adormece,
cubre, inunda, derrama estrellerías
y hasta besa furtivo, como un juego,
sus labios luminosos...
Las muchachas, ausentes, arcangélicas,
saltan, nadan, se ríen, chapotean,
ajenas a ese dulce vaivén, a esa lujuria
penetrante y sutil que les invade,
sin saber que están siendo
lentamente violadas,
que lentamente el mar las hace suyas,
que lentamente el viejo amante triunfa
con su extensa ternura
sobre el clamor rosado de sus sexos...

LOS ARCÁNGELES



Llegaron los arcángeles.
Se supo que llegaban por una luz dorada
que se esparció en la noche,
cuando los sueños labran manantiales
en la yerma memoria de las gentes.
Podían escucharse sus pisadas
de luna entre los árboles,
el rumor de sus voces delgadas como espigas,
y eran de ver los ópalos serenos de sus ojos
escrutándolo todo,
el azulado vuelo de sus manos,
su gesto entre cordial e indiferente.
Querían descubrir los paisajes del hombre
y en jornadas de niebla recorrieron
deltas de soledad, praderas de rencor,
roquedales de angustia, penínsulas de hastío,
manaderos del miedo más oscuro.
A veces preguntaban: nadie les dio respuesta,
nadie quiso decirles, nadie quiso escucharles...
Ellos, entre el silencio,
con lápices de ámbar escribían
palabras desoladas en sus libros celestes.
Y una tarde de plata,
en un viento levísimo y cansado,
agitando sus alas muy despacio,
regresaron por siempre
a sus mundos distantes.
Cuentan quienes los vieron
que volaban llorando los arcángeles.

LAS PALABRAS



Llegan puras, calladas,
como dulces insectos,
invadiendo mi frente
con su zumbido leve,
portando entre sus alas
esos frágiles fuegos
que estallan en mi sangre
sus cascadas de vida.
Me adivinan cansado
de caminar el aire,
de pulsar el espacio
que me conduce a ellas,
y entonan en mis labios
sus cánticos de polen
en los que sólo crecen
espejos y almenaras.
Algunas traen la noche
ardiendo entre sus dedos
y derraman su acíbar
en mis pobres asombros;
otras son manantiales,
fulgurantes prodigios
que anidan en mis huesos
sus entrañas de azogue.
Palabras como huellas,
dejando en los alféizares
un lacre enamorado,
vivísimas palabras,
saltimbanquis del alma
sobre una red de sombras,
palabras como astros,
como madres sonoras,
diminutas palabras,
que juegan como pájaros,
palabras generosas
que nos llenan los ojos
de un trigo inagotable,
doloridas palabras,
palabras desplegando
tormentas y paisajes.
Vosotras sois mi patria,
mi único universo:
sólo con vuestro aliento
puedo habitar sin llanto
esta vieja intemperie,
esta piel fatigada.
Vosotras me hacéis libre:
en vosotras renazco.

EL SUR



No indagues en las brújulas,
no busques
remotas geografías,
tus ojos no penetren el incendio
de las constelaciones
ni tus manos expriman
el hermético sol de los jazmines.
El Sur habita aquí,
en la callada umbría de estos muros,
en la alquimia del aire
que juntos cada día respiramos.
Míralo como un pájaro
furtivamente nuestro:
vuela
entre las leves copas de cristal,
pero jamás las rompe,
y roza nuestras frentes
con sus alas tan llenas de luciérnagas.
A veces se transforma
en un hondo silencio, se refugia
en las hojas de un libro
o en la serena luz de tu regazo.
Y entonces es más nuestro
todavía,
más intensa su voz,
más certero su gozo que nos une.
Olvida los caminos,
los mapas empolvados de palabras propicias:
el Sur habita aquí,
nos navega la sangre,
rebrinca en nuestras médulas.
Somos nosotros mismos
ese rincón de fuego,
esa radiante esquina de la vida,
ese cálido Sur
que tanto tú deseas.

PROPUESTA



Hay que recuperar
el tacto de la fiebre y el color de las noches,
la antigüedad del bronce y el aroma del llanto,
el grito de las águilas y el sabor del silencio,
la timidez del aire.
Hay que recuperar
la humildad de los astros y el sonido del hambre,
los caminos sin fecha y la altivez del junco,
los muertos renacidos y el susurro del puma,
la niebla en los vitrales.
Hay que recuperar
las verdes madrugadas y la sombra del río,
las campanas más tiernas y las manos sin dueño
la semilla del agua y los pasos perdidos,
la danza de las naves.
Hay que hacer lo imposible por descubrir de nuevo
ese torpe milagro, ese absurdo prodigio,
esa hermosa miseria que llamamos la vida,
con todo su caudal de ardiente escalofrío.

ANTONIO PORPPETA. Biografía



Nacido en Elda/Alicante (España), el 14 de febrero de 1936. Reside en Madrid . Casado con la poeta y editora Luzmaría Jiménez Faro. Doctor en Ciencias de la Información (Filología Española) por la Universidad Complutense de Madrid. Licenciado en Derecho por la misma Universidad. Diplomado en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. Miembro Correspondiente de las Academias Norteamericana (Nueva York) y Guatemalteca (Guatemala) de la Lengua Española, así como de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.
Aparte de los libros relacionados en “Publicaciones“, es autor de artículos, textos de conferencias, relatos, críticas y colaboraciones varias en revistas y periódicos, tanto españoles como extranjeros.
Amplias antologías y estudios de su obra en los libros: Una voluntad poética, de R. Hiriart (1988, Alicante, Caja de Ahorros Provincial); Memoria y presencia, de S. Pavía (1993, Elda/Alicante, Ayuntamiento de Elda-Universidad de Alicante); Análisis y aplicaciones pedagógicas de su obra poética, de M. Klass (Tesis doctoral, Teachers College, Columbia University, Nueva York, 1998); La poesía de Antonio Porpetta: Un mar de temas y de símbolos, de O. Condrea (Tesis de Licenciatura, Universidad Al. I Cuza, Iasi, Rumania. Editura Vasiliana´98, Iasi, Rumania, 2001). Además de los premios citados en el apartado correspondiente, ha recibido:“Hucha de Plata“ de relatos (1985, Madrid, Confederación Española de Cajas de Ahorro); “Hucha de Oro“, 3er. premio (1989, id. id. ); y “Hucha de Oro“, 2º. premio (1991, id. id.) La bibliografía sobre su obra contiene, hasta la fecha, 248 estudios, artículos y comentarios, firmados por 149 críticos, profesores y especialistas en literatura.Aparece incluido o mencionado en un total de 49 antologías y diccionarios, tanto de España como del extranjero.
Desde 1989, su perfil bio-bibliográfico figura en el directorio internacional Who´s Who in Spain; desde 1992, en la prestigiosa Enciclopedia Espasa (Suplemento 1989-1990, Sección “Biografía”); y desde 2002 en la Gran Enciclopedia de España, (Tomo XVII).Actividades en el extranjero. Desde 1984 gran parte de su actividad pública viene desarrollándose fuera de España. Hasta la fecha ha visitado un total de 146 Universidades e instituciones académicas y centros culturales extranjeros, dictando conferencias, dirigiendo seminarios sobre poesía, ofreciendo lecturas de su obra y manteniendo encuentros con profesores y estudiantes de lengua y literatura españolas. En este aspecto, su labor ha sido objeto de destacadas distinciones y reconocimientos, entre los cuales destacan: la “Llave de Oro de la Ciudad de Smederevo”, Festival Poético de Smederevo/Serbia, 1999; la “Proclama de Honor” de la Presidencia del Condado de Manhattan por su labor académico-literaria con las comunidades hispanas durante más de diez años consecutivos, Nueva York, 2003; en 2005, la “Orden de Don Quijote” de la prestigiosa Sociedad ”Sigma-Delta-Pi”, National Collegiate Honor Society, por sus actividades de difusión de la poesía española en Universidades norteamericanas (Lehman College, CUNY, Nueva York); y en 2006 la “Orden de los Descubridores“, de la misma Sociedad, a propuesta de St. John´s University, también de Nueva York. Las mencionadas actividades han tenido lugar en los siguientes países, muchos de ellos repetida o asiduamente visitados: Alemania, Argentina, Australia, Bulgaria, Canadá, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Estados Unidos, Finlandia, Gran Bretaña, Guatemala, El Líbano, Marruecos, Méjico, Montenegro, Nueva Zelanda, Puerto Rico, República Dominicana, República de Macedonia, Rumania, Rusia, Siria, Suiza, Taiwán, Túnez y Yugoslavia.