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10.4.08

PACHAMAMA VIII

Esta noche escribo desde adentro,
Desde nuestro mundo, Pachamama,
Desde el espacio que conocemos,
Donde nos amamos en carne y suspiros.

Es un mundo material con forma real,
Pero todo es real, adentro y afuera,
Afuera y adentro es la misma lucha;
La lucha por la existencia y la vivencia.

Es por eso que a veces me aflijo
Como un niño sin recursos,
Como un inocente sin verdades de labios,
Y como un amante sin realidad que favorece.

Pachamama, mujer que me inspiras,
Y que te entregas a mí sólo porque me gustas,
Eres celestial en mis brazos y en mi sangre,
Eres grandiosa adentro y afuera.

Yo era un combatiente adentro,
Tu lo sabes, un guerrero materialista,
No he cambiado, Amor mío, no he cambiado,
Solamente que ahora he mirado por la ventana.

Desde que me conecté con el exterior
Creí que todo se había solucionado,
Que las batallas se habían terminado,
Y que ahora sólo bastaba esperar.

Pero mira que curioso, Pachamama,
A ti que te he amado fecundo,
Siempre es la misma pelea, lo quiera o no,
Siempre habrá que luchar con nobleza.

Ahora comprendo más tus palabras inquietas
Y tu ímpetu por sacar adelante tu mensaje,
Las horas eran pequeñas como segundos
Y yo, impaciente, sólo quería explorar tu cuerpo.

Es que no sabía amada mía, no sabía,
Ahora que sé, porque tu silencio de días
Devora cada minuto de espera mía,
A latigazos me lleva hasta tu cumbre.

Y ya sea, antes o ahora,
Adentro con sufrimientos carnales,
O afuera con dolores legendarios,
Siempre, siempre hay que combatir.

Humanidad por la que tanto he luchado,
El cielo no existe, no existe!!!
Jamás existió, todo fue ilusión,
Solo hay de verdadero, un campo de batallas.

Compañeros míos, torturados y quebrantados,
La lucha nunca fue en vano,
Porque las fuerzas del bien y del mal
Siempre se han enfrentado, allá y acá.

Compañeros míos, fusilados y asesinados,
Sois guerreros de siempre,
Ayer moríais por luchas carnales,
¿Dónde lucháis en estos días?

Pero la lucha siempre es la misma,
Pachamama vino a decírmelo,
Llegó vestida de mujer seductora como ella es,
Me amó, me habló y me enseñó el verbo de la luz.

Ya nos vamos yendo, Amor,
Ya nos vamos yendo calladitos,
Simples y modestos, como siempre,
No a llorar, sino que a luchar.

Ya nos vamos yendo, Pacha,
Siempre es igual, la misma cosa,
Allá afuera en el reino de la luz
O aquí adentro, en el espacio de átomos.

Siempre hay que construir algo,
Nada es gratuito, siempre hay que batallar,
Afortunadamente, Pacha, afortunadamente,
La vida es así, la muerte también.

PACHAMAMA III

¿Cuánto tiempo anduve en la oscuridad
Antes que tu llegaras en luces de luciérnagas?
El bosque estaba oscuro desde aquel día
Cuando nos acorralaron en la emboscada.

¿Cuántos siglos estuve perdido
En la memoria muerta de la luz?

¡Qué negro panorama nos pintaron
Con los colores de la nada y del vacío!
Creían que nos enceguecían y nos mataban,
Pero jamás pensaron en nuestro pacto.

Nos dejaron vagar en el sombrío paisaje
Y en la falla del caos y la perdición.

Pero ya nada nos detiene,
Cada uno de nosotros acude a la cita
Y nos volvemos a juntar como antes
En el abrigo de las grandes gotas de la tempestad.
Sólo ustedes podrán acompañarme en mi ocaso.


AGUALUNA, SUPREMA Y PANAMEÑA

Quizás la más esotérica,
La más escalofriante,
Más severa y, más austera,
Venías con una delicada misión:
Penetrar en los rincones oscuros de mi conciencia
Y atrapar desde allí a tirones la nebulosa,
Esa bruma que empaña los ojos
Y no deja mirar el luminoso universo.

Debías invadir atrevida mi alma
Para que aflorara la capacidad intuitiva,
En mi mente bien demasiado terrenal.
Yo materialista, guerrillero virtual,
Y machista contemporáneo,
Me resistía y me negaba,
Y me re-negaba.

Tú, maquiavélica y profana,
Usabas todos los medios a tu alcance;
Venías por las noches en ruido de viejas bisagras,
Penetrabas insolente en mi lecho
Y en aquel catar de sábanas transpiradas,
Me violabas la intimidad.

Tu estadía sería transitoria,
Treinta días y veinticinco poemas de amor,
Poemas de guerra del guerrero invencible
Que cabalgaba por las vastas llanuras de la vida
Y acudía a la cita de nuestra guerra actual.

Después te fuiste clandestina
Como si te escaparas de un trágico acontecer
Y me dejabas sumergido, casi enterrado,
Buscando mil explicaciones sin respuestas
Hasta ver el amanecer de tu libro:
“Agualuna”
Que entre lágrimas y fríos
Poco a poco fui construyendo.

Tenía el verbo herido entre mis entrañas
Y el alfabeto se retorcía como tripas enfermas
Cuando sacaba adelante mi literario karma,
Pero tú, sabia, suprema y esotérica,
Con dedicación y esmero
Lo habías preparado todo,
Te fuiste sin dejar ningún cabo suelto
Y me dejaste taciturno y sumergido
En un mar de preguntas diáfanas.

Era el cálido mes de Febrero,
Dos mil y un años después de Cristo,
Cada día, y todos los días,
Día tras día,
Venías con tu figura afligida
Y tus voces quebrantadas,
Trayéndome las lecciones del RAM
Rigor, Amor, Misericordia.



EN UN ETERNO CORO DE AMOR



[A Marcia Motta* en el día del amor]

En esta noche oscura
En que todas las luces de mi aliento se apagaron
Me voy a refugiar en tu recuerdo
Renegando a todo
Renegando a mí mismo
Y a todos mis viejos amores
Para sólo demorar en tu ser íntimo.

¡Oh Amor!
Me muero sin ti
Como si fuera una hoja muerta y solitaria
Perdida solo en el bosque de luciérnagas.

En esta noche oscura
En que se apaga mi vida
Te voy a decir fuerte y eterno:
¡Te amo!
Te amo y te añoro
Y mis palabras, ya lo sé
No te pueden alcanzar.

¡Oh Amor!
¿Por qué no lo dije antes?
¿Por qué no brotaron de mí los verbos?
Cuando aún te podía alcanzar.

Yo me pierdo en el abismo de lo oculto
Y me pierdo tanto
Que ya no sé quien soy
Y creo que soy,
Que soy una hoja muerta
Solitaria y vagabunda
En el triste espacio de lo misterioso.

¡Oh Marcia mía!
Mía y lejana como un astro errante
Que tus pasos caminen hacia mí
Siempre hacia mí por entre la fronda humana.

Cuando camino al lecho sin ti
Es como si caminara directo al paredón
Amor, no me dejes nunca,
Nunca más te vayas
Y si te vas
Que siempre sea para unirte a mí
En este coro de eternas sábanas amorosas.

LUIS ARIAS MANZO (Secretario General del Mundo)

Luis Arias Manzo, chileno, en 1973 tenía 17 años. Debió salir al exterior en marzo de 1975 y solo volvió al país en febrero de 1991. Sus últimos 12 años como exiliado los vivió en Francia. De regreso a Chile, instaló en Santiago Centro la Librería Apostrophes, cerca de la Plaza Mulato Gil, especializada en la difusión y venta de libros en francés.

Es autor de tres libros: 'AGUALUNA', 'MIL AÑOS DE AMOR' e 'INSTANTES'. Los dos primeros trata de dos encuentros místicos: una tarotista panameña que vino a despertar su intuición, y una médico francesa que le aseguró haber compartido con él una vida anterior.

En ellos, inclusivamente, va narrando parte de sus experiencias en tiempos de la dictadura de Pinochet y va revelando, de manera apasionante, su propio despertar espiritual y sensitivo.

El tercer libro es el relato de un viaje a Brasil en bus que dura tres días y dos noches a la ida y tres días y dos noches a la vuelta, en el cual resalta recuerdos de peripecias vividas en Argentina durante su exilio de cuatro años durante la Dictadura del General Rafael Videla.

En los tres trabajos surge el conflicto entre materialismo y espiritualidad, tan presente hoy en día en las sociedades supuestamente avanzadas, en la llamada 'modernidad'.

En ellos está el amor [el posible y el irrealizable]... Aunque se trata básicamente de novelas autobiográficas, la poesía hace acto de presencia con una intensidad casi similar a la de la prosa, lo que
hace de sus obras un trabajo muy apasionante y completo, que se va leyendo con facilidad, por el interés que suscitan las historias y la intriga que van despertando, en todos sus planos.

Es mediante el relato de estos tres encuentros fugaces y románticos en que el autor da cuenta a través de la crónica histórica de los sucesos que a todo chileno le han marcado, y que en el caso del protagonista determinaron de forma dramática, el transcurso posterior de su vida.