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24.3.08

MARGARITA


(A un muchacho que murió en primavera )


Yo no te conocí,
pero te ofrezco, sobre tu tumba abierta en primavera,
este pequeño sol para tus huesos.
Yo no te conocí. Oí tu nombre
cuando la luz del surtidor te dejaba quebrándose
y morían en tu oído, como cirios, las últimas palabras,
cuando rompías el hilo que te unía a nosotros
y escuchabas las flautas extrañas de la muerte.
Los lirios te buscaban la boca palpitante,
inmóvil te inundaba el sudor de la lucha,
tu cuerpo se quedaba parado en los relojes
y caían tus párpados sin querer mirar nada.
Los años te brillaban como auroras la tarde de la huida
y una mano apretaba tu corazón de niño
donde no tuvo tiempo de entrar una muchacha;
esa mano de hielo, en un giro fantástico,
como un robo inaudito desgajó tus raíces
y te lanzó a lo eterno, completamente solo.
-Arlequín en la danza sacramental del tiempo-.
Nada se había movido: aún estaba
con el último gesto que hiciste sin saberlo.
Ahora ya estás dormido en brazos de la tierra,
ante la primavera calzada de amapolas.
Yo no te conocí,
pero tu lecho abierto en primavera tendrá una margarita
porque todos ignoran que bajo el sol descansas,
que veintitantos años se han quebrado en tu frente
y que una niña mira tus balcones vacíos;
sobre tu lecho mullido en primavera habrá una margarita
porque todos dejaron a un lado tu recuerdo;
porque la calle gritaba como siempre esta mañana
y la gente reía sobre tus huesos rotos.

"AGUA AHOGADA"



Jabón, agua, lejía, arañar
virutas inquisidoras, polvo de nadas. Sacudir
violetas marchitas de Mimí Pinsón,
.........Un día más,
un año más, que dicen: está perdido en la neblina...
......alfombras de Echegaray,
chaqués de Benavente,
piojos del Padre Coloma, ladrillos
de acá y allá, grupos alternativos
pseudos, pseudos, todos pseudos
..........(y los velitos...)
como si fueran algo, alguien
digno de eternidad.
.............. ¿De dónde ese ruido?
Rugido, sí clamor oscuro de sotanas ardiendo
quemando otras sotanas, sí, otras cosas: todo
lo que arde y arde todo
lo White y lo negro.
......Hasta la sangre arde, ¿quién
.........iba a decirlo?
Lenguas mancilladas
Agua ahogada en lo seco,
embarrada en lo oscuro
Jabón, agua, lejía. Limpiar
tanta sobra, tanta limadura
de aire puro desperdiciado,
dejar que resplandezca,
mirar sonrisa triste de ese manco.
Jabón, agua lejía, limpiar los siglos
inútiles. Apagar hogueras en que ardieron
edades de gloria,
las palabras profundas con otros tonos,
la esperanza perdida
........y una rosa
mientras
bebo
frío.

DECÍA HIELO


¿Qué dijo?
¿Qué decía? Palabras, eso sí,
palabras eran, pero ¿qué palabras?
Caían sobre una mesa. Y había luz.
Una luz muy oscura.
Ahora las manos se agrietaron
buscando los sonidos, revolviendo
agujeros, bolsillos falsos, nidos
abandonados, hojitas de musgo
y hojas secas: todo lo quieto. Sacude
los recursos para encubrir, por si cayeran,
las palabras, al suelo, con un sonido comprensible.

Pregunta
a los árboles del más allá, de vez en cuando,
si se acuerda, al llanto de los helechos y a la nuez
en que la luz, copo de fe, se encierra.
Porque asegura
que las oyó y eran como rastrojos, nudos
de alambre, manzanas podridas y un rostro
volcando todo eso, echando todo eso, tan frío,
en la nuca inocente. Y helaba la dulzura.
¿Dónde se han escondido? ¿Desde dónde
la miran, las palabras, agazapadas, riéndose
de que no las encuentre, tan torpe?
Que se muera buscándolas, dirán.
Tal vez al otro lado...

SILENCIO


Hay un vacío en el que no se oyen las zapatillas.
Y otro más profundo: el que disuelve nuestras manos.
Y nuestro cuerpo. Y sólo flotan unos ojos
que no lo parecen. Aunque daría lo mismo
porque ya no pensamos con palabras
que todo lo confunden.

Además,
¿para qué edificar un templo de un grito?
Un grito que no suena en la expansión de las constelaciones.
Un grito que no oye el pastor de planetas.
Un grito que se llena, como un cubo, de huecos.
Un templo que visitan arenas y huracanes.
La boca ha gritado,
¿de qué muerto ha venido? ¿En qué lejana flor
se hará otra vez silencio,
historia no aprendida
y vida sin pregunta?
¿En qué agua de otro tiempo
se pulió la mandíbula y su origen?
¿En qué apagado sol
se removió su cero antes del cero?
Gritar: tan sólo un accidente, una arruga en el aire.
Y un destrozo,
harapo de algo; un desgarrón superfluo
desde el violento, desde el distraído
que empuja, pisa y habla alto. No grita.
Alto, sólo, habla.
Se oye su voz pavorreal.
Y el grito se desenrosca desde su sima profunda:
un poquito de aire que, primero,
tropieza con la esquina del pulmón,
garganta arriba. Luego ulula, asalta
la pared que contiene su infinitud,
su triste desmesura,
arañando su cárcel, resulto en templo,
ecos en frío crisoespacio que se aleja,
en el tiempo, de la boca: su nido.
Y nada alrededor. La boca mueve
sus alas sin sonido, sin sentido,
entre el agua y el huerto,
entre hueso temprano y légamo futuro,
entre el cero y el cero.
Entre el cero y su carga

JULIA UCEDA


Julia Uceda Valiente nació en Sevilla en 1925, en esa ciudad realizó sus estudios de Filosofía y Letras doctorándose con una tesis sobre el poeta Jose Luis Hidalgo. Como profesora universitaria ejerce en la Universidad de Cádiz y obtiene la cátedra de Literatura Española en la Universidad de Sevilla.
En 1965 se traslada a EEUU donde imparte clases de literatura en la Michigan State University. En 1973 regresa a España y fija su residencia en Narón. Pasó, también, dos años de su vida en Ardee, Irlanda.
Su labor como crítica se puede encontrar en revistas especializadas de España, Italia y Estados unidos y es miembro correspondiente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Está relacionada con el mundo de la poesía por ambos frentes, codirige la colección de poesía Esquío y coordina la revista crítica La Barca de Loto.