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1.4.08

PIEDRA BLANCA SOBRE UNA PIEDRA NEGRA

Aunque muerto en París, con aguacero,
teniendo de eso un recuerdo previo,
esta noche revives mientras soplo
el polvo de tu libro doloroso.

Yo quisiera dormir, pero no logro
sino cubrirme el rostro con tu velo,
sentir seco mi pecho, vivo tu hueso,
y liberar un tímido sollozo.

César Vallejo vive: lo declara
un noctámbulo que hoy ante tus páginas
se apunó con ese ahogo tuyo.

¡Amado sea tu pulmón sombrío!
¡Amadas sean tus señales de humo,
amada sea tu huella en el camino!