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17.3.08

LOS EXTREMOS




Fuera de los muros
rugen los fantasmas del rescate.

Con sonido de ironía,
una madeja de buitres
vuelve a parir la noche.

Hay manos en los ecos
y ojos traicionados
desaguando el olvido.

El tiempo
cuelga un puente minucioso
entre dos absolutos,
y la muerte se pasea venenosa.

Pero la casa es un mausoleo
al que la ausencia
le ha amputado los cirios,
y las flamas
se marchan al sepulcro
donde ya nadie duerme.

Abriré otra vez
las puertas sin bisagras
para buscar
mi huella congelada
en algún resto de espejo.

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