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1.4.08

INDOLENCIA

¿Quién nos ata a las cosas y a mí,
compaginándonos a deshora,
sino la imagen de todas las imágenes
de mí sin mí?

La multitud escancia
una posible voz, un gesto indivisible
en los reflejos del aire,
una historia propia (¿real?)

Y yo también me miro
como si mirara las caras
de un retrato
infinito y único.

Al fin, un desorden ingobernable
reúne la vida y el olvido;
peligran en la indolencia los víveres
y se anulan las razones de saber
y las de morir.